Recortes de Ignacio Rodríguez de Rementería / @micronauta

2006/04/20

Enfocando: Desechable vs. Reciclable


Conzoco unos ojos que se cansaron. Se cansaron de tanta velocidad, de tanta vorágine, de tanto miedo, de tanta calle, de no ver perfectamente, de no cumplir expectativas, estándares, normas.

Parece que nuestra sociedad, en su creciente tendencia consumista, está acostumbrándose a la idea no-lineal de que todo es o perfectamente adecuado o de lo contrario desechable. Se utiliza la consigna de "lo nuevo" como algo automáticamente superlativo, para motivarnos a comprar de nuevo algo que ya tenemos. Esto es reforzado bulliciosamente por los medios de comunicación que fomentan la idea de nosotros mismos ser defectuosos, de no cumplir con las especificaciones ideales. No ha de sorprender entonces que a veces uno mismo se sienta defectuoso, y trate de desecharse, cuando en el trabajo a uno le piden que produzca horas inhumanas, o cuando el noticiero nos dice que debemos tener miedo de andar por la calle, o cuando la publicidad nos enseña que debemos evitar que se nos vean las canas y arrugas, o el pelo oscuro. Esa presión cansa. Pero habemos quienes no creemos eso, que en cambio creemos en la diversidad, el reciclaje y la libertad, en que no todo necesita ser perfecto y funcional a un uso estándar, que no tenemos la aspiracionalidad tan sintonizada con la perfección superficial. Hay otra posibilidad distinta que la de los aparatos malos y compradores desinformados: que tal si el aparato es bueno y en realidad es exactamente lo que el comprador andaba buscando? Por ejemplo, me compro una tele y el control remoto no funciona, pero a mi sólo me interesaba ver la CNN.

Curiosamente, me considero un consumidor bien informado, feliz de ver la perfección de la imperfección. Estoy --por ejemplo-- encantado con mi teléfono que saca fotos, aunque las imágenes sean de poca resolución, no le da ni para un megapixel, los colores salen todos raros y la foto que me muestra en la pantalla no es la misma que guarda en su memoria, o sea más encima cree que se manda sólo, pero yo le tengo paciencia y hago que esas fotos, imperfectas y todo, sean las que me importan. Si, confieso que estoy encantado de la rareza, desde un lado hasta el otro de mi alma. Me gustan los aparatos raros. Y me gusta la gente rara. De hecho amo a una mujer rara, en sentido más maravilloso de la palabra, no hay otra como ella.

Igual, el tema es más profundo. Parece que ser que nuestra sociedad, en su creciente y voraz tendencia de consumismo, está acostumbrándose a la idea no-lineal de que todo es o perfectamente adecuado al uso o es desechable. Pero habemos quienes no creemos eso, y que en cambio creemos en el reciclaje, en que no todo necesita ser perfecto y funcional a un uso estándar. Habemos quienes no tenemos la aspiracionalidad tan desarrollada y sintonizada con esa tendencia de la perfección superficial, reforzada bulliciosamente por los medios de comunicación que invitan a tener diversas formas de inseguridad, incluso la de nosotros mismos estar defectuosos, no cumplir con las especificaciones ideales. No ha de sorprender entonces que a veces uno mismo se sienta defectuoso, y trate de desecharse, cuando en el trabajo a uno le piden que produzca horas inhumanas en función de algo que no le importa, o cuando el noticiero nos dice que debemos tener miedo de andar por la calle, o cuando la publicidad nos enseña que debemos evitar que se nos vean las canas y arrugas, o el pelo oscuro.

Desenfocarnos, y ver desenfocando, nos sirve para hacer el esfuerzo de enfocarnos selectivamente, en lo que nos importa, hacia lo que valoramos. Wim Wenders y Woody Allen por ejemplo ambos son miopes, o sea por defecto ven *todo* desenfocado. Por lo mismo, y en sus maneras tan diferentes, no les queda otra que hacer un esfuerzo para enfocar, ya sea acercándose (y acercándonos, por lo tanto), ya sea mirando por sus lentes (y haciéndonos mirar lo que miran). Qué los Ojos, que hoy no están en la calle, se permitan entonces desenfocar un rato, descansar de tanto estímulo. Porque amamos la calle, pero la calle es de doble sentido, tiene todo lo que la calle tiene, por eso: toca enfocarnos con cuidado.
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