Mostrando las entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas

Volver al sonido: estar ahí

Después de algunos años de casi nada en sonido, principalmente porque pandemia, me acordé que soy sonidista y dieron ganas de trabajar en esto que amo otra vez, así que me puse a estudiar. 

Estudiando, me di cuenta que quiero hacer hacer grabaciones en directo de música clásica. Por un lado porque con Agez Producciones hice montón de grabaciones de música acústica y me gustó. También porque tengo tendencia creciente al minimalismo, lo contrario a donde parecen ir el pop, fusión, jazz e incluso el género de raíz folclórica. Prácticamente no hay producciones comerciales hoy en que haya doblaje, edición hasta la sílaba y afinación artificial. No digo que eso sea siempre malo, es que personalmente no me interesa.

Me gusta más la idea de "espiar" un acontecimiento artístico, intervenir lo mínimo al registrarlo para que se pueda experimentar después la sensación de estar ahí. Estudiando, además descubrí algunas cosas interesantes de la historia del registro sonoro:

El "disco de Jecklin", es un bafle o barrera acústica que se coloca entre micrófonos para crear un efecto similar a genera la cabeza en la audición humana, generando percepción de sonido "3D". Fabriqué varios, e hice grabaciones experimentales para determinar el efecto de algunos cambios de dimensiones, formas y materiales (más info sobre el disco de Jecklin)



El "paquete de Straus", consiste en montar lo más cerca posible dos micrófonos de distinto patrón polar, permitiendo variar contínuamente la direccionalidad de manera electrónica. Pude aprovechar para esto mis Earthworks, combinando el montaje de micrófonos múltiples con el disco de Jecklin (más info sobre el "Straus paket").

Soundfield, el concepto de "campo sonoro" en un punto, es algo así como sonido holográfico, que se registra mediante un arreglo de micrófonos múltiples, haciendo posible recontruir después ese campo, posibilitando reproducción tridimensional. En cierta forma es el paso siguiente al paquete de Straus en cuando al ajuste polar, así que es mi paso siguiente para grabar de la forma lo menos intrusiva posible (más info sobre Soundfield).

Luego de la adquisición y pruebas de algunos equipos enfocados en las técnicas mencionadas, paso a ofrecer el servicio de grabación, para quienes necesiten registro en estas condiciones y valoren el realismo resultante.

Cerquita Mío: producción multi-plataforma, multi-estudio

Volviendo a temas de sonido y música, me ha parecido interesante contar cómo se produjo Cerquita Mío, single de Jano Kemp.

Para hacernos una idea de cómo la Internet y la Ley de Moore han cambiado la producción, podemos imaginarnos cómo se habría hecho hace 15 años:

En la prehistoria, todo habría partido como demo en una grabadora de 4 pistas, una Tascam Portastudio como la que muestra la foto de Wikipedia (tuve una similar, pero no tengo fotos) habría permitido bocetear voz, guitarra y –mediante un proceso de mezcla y regrabación conocido como bounce o empaquetamiento– algunos coros y accesorios.

Si se contaba en ese entonces con un quemador, el resultado se podría haber enviado en CD, pero más probable es que se habría hecho copia en cassette, con su correspondiente ruido adicional, para que un arreglador conciba y escriba los arreglos. Las partituras resultantes –y más copias en cassette– se habrían hecho llegar a los músicos, para luego juntarlos a ensayar y grabar en un estudio de grabación, donde el proceso habría tardado un par de días, y con muy pocas posibilidades de corrección.

El estado del arte

Hoy el proceso es más versátil y granular, con la ventaja de generar desde el inicio audio de mayor calidad y que –si uno desea– se puede llevar hasta las etapas finales de la producción para ser aprovechado.

Pre-producción

Comenzamos grabando voz y guitarra simultáneamente, usando MOTU Digital Performer, programa especializado para trabajar sobre una grilla de tempo variable, transponer (cambiar de tono) y otras gracias. De esta manera, pudimos probar distintos tempos e incluso generar un bajo artificial usando la guitarra, para ir avanzando en la definición del producto desde el boceto.

El audio lo capturamos desde el principio en alta calidad con micrófonos Earthworks usando como interfaz y preamp la Mackie Onyx.

A partir de esa base, fuimos pinchando regiones, re-ordenando la estructura del tema y agregando coros que cantamos Jano y yo como referencia.

Arreglo online

Todo esto lo fuimos mostrando a los músicos sin necesidad de vermos presencialmente o enviarnos objetos físicos. Usando la "nube" de Movistar Chile fue posible subir los archivos a una carpeta compartida. Con la dirección de los archivos en un e-mail es fácil para el destinatario escuchar la última versión del demo sin necesidad de descarga.

Llevamos el boceto a Marcelo Vergara, quien tomó la misión de los arreglos. Usamos un formato llamado OMFI para llevar el proyecto a Apple Logic, plataforma sobre la cual Marcelo produjo cuerdas y reemplazó totalmente nuestros coros, ya que naturalmente él los podía hacer mucho mejor, incluso –y para nuestra total sorpresa– estando resfriado.

Los coros quedaron tan lindos que tomaron un rol importante en el arreglo, que habría sido muy difícil concebir antes de llegar al estudio si no fuera porque contábamos con la posibilidad de experiementar con tiempo.

Tanto mejor, que una vez Marcelo generó el sonido del piano y algunos accesorios, trasladamos nuevamente el proyecto de vuelta a mi ambiente para grabar los coros con él pero con la combinación Earthworks+Mackie, y sin resfrío.

De pre-a-pro

Paralelamente, Gonzalo "Chalo" González en Triana se hizo cargo de grabar batería, bajo, guitarras y percusiones (con Cristóbal Tobar, Rodrigo Galarce, Jano y Joe Vasconcellos, respectivamente).

Mientras, seguíamos mejorando los coros en Digital Performer. A pesar de que en Triana usan Pro-Tools, pudimos con bastante facilidad pasarnos los audios de las pistas entre los tres ambientes para ir avanzando. Gracias a eso, muchos elementos de la etapa de pre-producción se terminaron usando en el producto final, ahorrando tiempo en la etapa más costosa del proceso que podría haber sido Triana y facilitando el control estético.

Finalmente, Chalo grabó las voces definitivas y luego trabajó mezcla y masterización para generar el producto final de excelencia, adecuado al formato radial.

El single en su forma terminada ya está disponible en http://www.janomusic.info, se puede descargar en forma gratuita y ver el video.

Es cierto que hace 15 años también era posible trabajar así, pero inaccesiblemente caro; así trabajaban Pat Metheny y Peter Gabriel, pero hoy los estudios de grabación en casa –en combinación con los contextos más profesionales donde contamos con equipamiento y experticia que el músico no tiene en casa– es posible producir material de clase mundial sin tener que hipotecar la casa y un ojo.

Dos amores, en realidad el mismo

La autorevelación o AR. Ese concepto, traído al primer plano de la escena Web en Chile hace unos días gracias a la presentación de Javier Velasco en #AIChile2010, me dejó pensando.

Y es que en la vida he tenido dos grandes amores profesionales: Por un lado la música, que me llevó a estudiar ingeniería en sonido y trabajar en produccón musical, conciertos y docencia, y por otra parte la Web, que me motivó a trabajar en empresas de Internet y medios de comunicación online.

Hoy conecté con lo expuesto por Javier y me di cuenta de que la Web social y la música tienen en común la AR.

La creciente alienación de la vida urbana creó un vacío de socialización que fue llenado por esta tecnología, donde cada usuario se exprese compartiendo, desde el chat 1-a-1 hasta los blogs, pasando por la fotografía –especialmente los autoretratos– y la posibilidad vía streaming de que cada uno de nosotros sea una radio o un canal de TV.

La música por su parte, siendo históricamente ritual de expresión y socialización, en términos estéticos también nutre la necesidad de autorevelación, especialmente a través de la canción, pero también mediante lo instrumental. Para quién no es músico, la música se presenta como una instancia –algunos dirán la excusa– para meditar y reflejar pensamientos y emociones, de ahí el éxito de la canción capaz de generar identificación con las experiencias cotidianas que nos importan.

Todo esto es quizás bastante obvio, y no se por qué hoy me dio por compartir esta reflexión en voz alta. Quizás para revelar algo más personal: que a pesar de entender y trabajar en estos dos ámbitos, no he logrado mucho aprovechar dicha doble militancia de experiencias y trabajar en muchos proyectos que combinen la música y la Web. Así que ya tengo algo más en que pensar :-)

Cuota de música chilena en radios chilenas: una buena idea

Desde el 2007 que da vueltas el proyecto de regular a concesiones radiales para que cumplan un mínimo de emisión de música local. Ahora que el proyecto fue aprobado en la Cámara de Diputados ha surgido un debate bastante amplio sobre el tema.

Algunos creen que es mala idea, tendrán sus argumentos, que no me han logrado explicar. Yo tengo varios argumentos a favor que expliqué en El Quinto Poder, salió un poco largo, aquí voy a resumir puntos principales:

Hacer más justas las condiciones

La música local no está en igualdad de condiciones respecto de la música instalada mundialmente: Se estima que hoy Universal, Sony y Warner controlan más del 75% del mercado musical, invierten cantidades descomunales para promocionar unos pocos productos y lo hacen a través de sus filiales de TV y radio, en una suerte de dumping y negando espacio a los que no forman parte de su negocio.

Favorecer desarrollo económico local

Cada vez que se emite por radio (y TV) el trabajo de un autor o intérprete de otro país, los derechos que se recaudan se van del nuestro, corresponden a un tipo de importación que no crea trabajo ni paga impuestos locales. Cuando se emite contenido de orígen local sucede lo contrario, se mueve la economía local y no sólo el bolsillo de autores e intérpretes.

El ejemplo canadiense: MAPL

Rush, que visita Chile por estos días, es un ejemplo de cómo una industria fortalecida ayuda a que la música se exporte. También Neil Young, Celine Dion, Adrian Belew, Bryan Adams, Daniel Lanois, Joni Mitchell y otros conocidos mundialmente han podido desarrollar sus carreras gracias a la ayuda primero impuesta pero hoy orgullosa de los medios de su país.

El proyecto local es modesto pero bienvenido

La idea no es nueva y Canadá no es una excepción. mecanismos similares existen o han existido en Argentina, Brasil, Israel, Jamaica, México y Sudáfrica. En Francia y el Reino Unido existe cuota desde hace un tiempo, y ahora se ha extendido a la Unión Europea. En la mayoría de estos casos la cuota mínima es mayor a un 25%, llegando a un 50%. Lo que se propone en Chile es sólo 20%, con distribución horaria que podría quedar en 10% de día y 10% de noche. Se estima que hoy transmiten entre 8% y 11% de música local.

Los detractores no tienen argumentos

La Asociación de Radiodifusores de Chile se ha manifestado en contra, declarando que hay "mecanismos mucho más proactivos y eficientes para estimular la difusión de música chilena", aunque no los especifican ni parecen aplicarlos.

Apelando a la ignorancia impuesta por ellos mismos sobre el contenido local, las radios dicen que la cuota les resta libertad editorial. Ellos saben y muchos también sabemos que existe música chilena del más amplio espectro, que sin estar respaldada por la promoción de los grandes sellos es de clase mundial e incluso de culto en otros países.

Copesa, la empresa de medios dueña de La Tercera y al menos cinco radios FM, también lo sabe, pero no desaprovecha su diario para decir que la cuota obligada en favor de la música chilena es una "arbitrariedad". Curiosamente Copesa nunca se ha opuesto a descuento obligado para ISaPres y AFPs de los sueldos de los chilenos, quizás esa arbitrariedad es un poco más de su interés.

Naturalmente Copesa, la ARChi y otros ligados con el negocio radial evitan mencionar que en Chile la TV de libre recepción está obligada por ley a emitir un 40% de contenido local (cuenta Gonzalo Maza).

En cualquier caso, incrementar la difusión de la música chilena vía radios y de esa forma facilitar su acceso no niega que haya también otras maneras de fortalecer la industria. Pero esta es una que ha demostrado ser efectiva repetidamente, su valor por lo tanto es indiscutible.

El mito de que la música local es mala

Esto es muy curioso, lo he visto esgrimido como uno de los argumentos. Por suerte mis aventuras en lo de componer música han sido pocas y las de interpretar menos aún, no me siento aludido y hablo más como observador:

Conozco mucha música chilena bien hecha técnicamente, significativa e interesante o simplemente entretenida estéticamente, hay de todo. Y claro, ha sido la celebrada excepción poderla oír en nuestras radios o TV. Este argumento lo que hace es darle la razón a la cuota, porque demuestra ignorancia sobre buena producción local.

Obvio que también hay música local mal hecha, fome, etc., eso sucede en todos los países e incluso entre la música producida y promocionada por los grandes sellos mundiales, pero en el estado actual de poca difusión no hay oportunidad para que la música local buena o mala compita ante la audiencia y se refine gracias a dicha competencia.

Incluso le conviene a las radios locales

La razón es evidente: la oferta de radios vía Internet, hoy una de las principales competencias de las radios, prácticamente no incluye contenido local (de aca). Incrementar la presencia de música más cercana culturalmente a la audiencia puede ayudar a las radios a conectar con su público. Eso lo comprendió la misma Copesa, que con Radio Uno demuestró que la música local puede ser incluso un buen negocio.

Una vez asumida la cuota, los programadores de radio en vez de seguir ciegamente rankings internacionales descubrirán que había una riqueza insospechada de música al alcance de la mano.

Similarmente, periodistas que cubren música descubrirán que músicos locales están mucho más alcance como fuente, para entrevistas y todo tipo de coberturas, en comparación con los de la escena extranjera. No más viajes a Londres, menores costos para el periodismo, mejor negocio para los medios.

Al final del día es un asunto bastante simple. Los dueños de las radios insisten en que quieren tocar música chilena y que no necesitan una ley, entonces su posiciñon no resiste lógica: si las radios realmente quisieran transmitir >20% de música chilena, pasarían tres cosas: (1) ya lo harían, y (2) no necesitariamos una ley de cuotas para que lo hagan y (3) la ley no les afectaría en lo más mínimo.

No me quiero extender demasiado, si el tema te interesa en profundidad puedes leer lo que escribí en El Quinto Poder, pero sí quiero aprovechar de citar algunos comentarios y contestar algunas preguntas que surgieron en Twitter sobre el tema:

@earriagada: "esa restricción limita capacidad de segmentación de un medio, su libertad para diferenciarse, condiciona al análogo y no al otro".
Respuesta: hay música local suficiente para la más amplia segmentación, además con música local o del mundo las radios no pueden competir con la segmentación que hay en Internet, por ej. la red de AOL/Shoutcast tiene más de 30 mil canales.
@nicorojasc: "Si no toco música, tengo la obligación? pongo la música entre 3 y 5 de la mañana?"
Respuesta: En Canadá eso se solucionó definiendo un horario para cumplir la cuota. En el proyecto chileno se propone su distribución en dos franjas, lo cual podría quedar en algo así como 10% diurno y 10% nocturno.
@jamestica: "independiente de calidad no me parece que nos tengan que decir que escuchar, menos en un estado democrático y mas aún en uno que cree en el libre mercado y su autoregulación".
Respuesta: Concesiones radiales consisten en la asignación de un bien de uso público para la prestación de un servicio comercial. En función del desarrollo social, es natural que Estado como socio tenga injerencia en cómo se usa. Si un radiodifusor no está conforme con las condiciones de esta sociedad, tiene libertad para emitir por otras vías: por ejemplo puede pagar distribución de su programación vía Internet o satélite. Desde el punto de vista del usuario lo mismo: la radio de libre recepción no es la única manera de acceder a música, hay varias otras y todos estamos en libertad de pagar por ellas. Por otra parte, la radio ya te está diciendo qué escuchar.
También algunas opiniones a favor interesantes:

@PatriciaReichel: "esto tambien ayudara a que haya mejor musica chilena y mas competencia, es motivador".

@pmorrisk: "apoyo ley del 20% de música chilena. a veces hay que intencionar con políticas públicas bienes comunes que el mercado no genera por sí solo".

@carolaurrejola: "Yo sólo sé que la poca valoración de la música chilena es dramática. Y que países con cultura musical densa tienen cuotas".

@pablobello: "No conozco el proyecto en detalle, pero en principio estoy de acuerdo con una cuota para la música chilena".

En fin, la conversación aún está abierta, el proyecto está en curso y podría recibir indicaciones antes de su aprobación final en el Senado chileno. Hay bastante opinión reactiva dando vueltas, quizás falta más reflexión y antecedentes, porque el tema no ha sido tratado con mucho detalle por los medios de comunicación tradicionales. Por supuesto eso no debe tener relación alguna con que los medios tradicionales y sus periodistas especializados en música tengan intereses involucrados, cierto?

Explicito mi interés: trabajo en el ámbito de la producción musical y soy titular de derechos de autor de canciones.

Cuando el lucro es más importante que el contenido y la comunidad...

... desaparece el arte.

Eso es lo principal que quiero expresar acerca de lo ocurrido con un grupo en Facebook, con más de 26 mil usuarios y dedicado el grupo musical que cariñosamente hemos llamado desde niños como "los Inti".

Hoy la marca Inti-Illimani parece estar representando más valor comercial que de otro tipo, y eso me parece un triste espectáculo. Si la farándula respecto al show business de juguete en esta orilla del mundo ya es patética, la rencilla entre quienes alguna vez cantaban no por tener buena voz sino por sentido y razón es simplemente impresentable.

A un miembro del Inti-Illimani le dije una vez, con mucho respeto y cariño, que en mi opinión el grupo como lo conocíamos en su forma original ya no existe, que él y todos sus ex miembros son excelentes músicos y poetas, con mucho que decir, y no deberían tener necesidad de hervir el hueso de una marca como excusa para hacer su arte.

La pugna sobre la marca hoy lo único que hace es alejarnos de lo que el Inti-Illimani representaba, de lo que significaba para quienes vivíamos los embates de la dictadura y hallábamos allí, en esa ritualidad de la música, un espacio para pensar y sentir en grande y en grupo, para preguntarnos y contestarnos quiénes éramos.

Mi papá se debe estar dando varias vueltas en su tumba.

La historia casi completa está contada por Pablo Morris en su blog, allá también hay una conversación interesante, a la cual invito a aportar.

Apple podría hacer por el video, la literatura y el periodismo lo que hizo por la música

Ante la crisis de los medios, las piezas están en su lugar para que Steve Jobs haga su mayor one more thing.

Es muy sencillo, sólo seguir un camino ya recorido. Durante la tormenta perfecta de la música, Apple ofreció a los productores una plataforma de fácil uso, con muestras gratis, que permite a los clientes comprar el producto y bajarlo directo al hardware.

¿Hubo alguna razón para que lo mismo no pudiera hacerse con los medios escritos? Sí, varias. Lo interesante es que para cada una de ellas hay una tendencia en curso que la soluciona:

Soporte físico. Por un lado los que no son "nativos digitales" y no gustan de leer en pantalla, y por otro lado los que han usado aparatos preliminares de "papel digital" como el Kindle, afirman que el iPhone y similares son incómodos para leer textos largos. Solución: el tablet de Apple, una pantalla de mayor tamaño, delgada y liviana, sensible al tacto.

Precio. Una barrera que ha dificultado la masificación de venta de música y cine mediante iTunes es el precio mínimo. Solución: micropapagos en aplicaciones: Desde hace poco un nuevo conjunto de reglas y cambios de software permiten que aplicaciones -incluso gratuitas- puedan cobrar directamente al usuario dentro de sí mismas, valores menores a US$0.69 que es actualmente el mínimo en la tienda iTunes. Ese valor puede bajar para permitir micropagos o usarse para pagar suscripciones.

Ello se suma a la ventaja que Apple ofrece a usuarios de iTunes, los cobros no se aplican en forma inmediata, se acumulan semanalmente de tal manera que el costo de la transacción vía tarjeta de crédito se prorratea entre los pagos acumulados. Ello rebaja el precio para consumidores que vean un par de películas, series, libros por semana, lo cual sería mucho más caro si pagaran directamente vía tarjeta. Si Apple extiende el periodo de buffering a quincenas o meses el efecto se podría incrementar.

Mercado creciente. La revolución del iPhone y otros smartphones está dando lugar a una migración hacia la conectividad móvil, un número cada vez mayor de usuarios gastamos más ancho de banda de datos que de telefonía, tráfico que estamos dejando de consumir en la 'net fija.

Ecosistema sustentable. Mientras que los proveedores de acceso Internet tradicionales difícilmente pueden volver atrás con sus tarifas planas y ofertas sin límite, los de acceso móvil nos tienen acostumbrados a pagar por consumo, en ese contexto no duele tanto pagar por una aplicación, video, canción, novela o alertas noticiosa, especialmente si tenemos la conveniencia de pagar todo en una misma cuenta.

Mientras las empresas periodísticas se ahogan en su propio pánico e intentan medidas desesperadas que disminuyen la facilidad de uso, Apple sabe que los usuarios están dispuestos a pagar por una experiencia superior, incluso habiendo alternativas gratuitas.

iTunes no ha desarticulado el pirateo de música, pero se logró instalar como una alternativa válida para la industria músical, al menos en la cola corta (grandes sellos) y algunos mercados (.us ,.es, .eu y .jp). Ahora que la tecnología está a punto, el modelo podría aplicarse perfectamente a medios de mayor peso y precio (cine, series de TV) y más livianos y baratos (novelas, noticias) y a un mercado más global.

Diversas fuentes, incluyendo analistas y fabricantes, entregan indicios de que el tablet de Apple ya viene, y dejará al Kindle y similares tan atrás como el iPhone dejó a Windows Mobile. Pero incluso en el caso de que no sea así, iTunes puede ser la plataforma de pago idónea multi-dispositivo.

Apple necesita además expandir el dominio de iTunes a una gama mayor de productos y mercados, por varias razones incluyendo Google Music, así que -como decimos en Chile- está diciendo.

Pero, a propóstito de Chile y otras provincias: ¿puede una plataforma de pagos como iTunes sustentar contenidos locales? Personalmente lo dudo. Chile es un excelente ejemplo de cómo un mercado pequeño no forma parte del mainstream freemium, probablemente aquí los medios tradicionales sigan subvencionados, ya sea por el interés de privados –como ha sido por décadas–, o por el Estado, como fue alguna vez y como posiblemente tenga que volver a ser, dada la crisis.

Los proyectos que conozco en el ámbito de la música y que han subido su oferta a iTunes no han logrado ventas significativas, porque se necesita un esfuerzo mayor –global– de publicidad, antes de tener un retorno significativo.

Pero incluso a nivel transnacional, la industria de la música no está del todo feliz con el creciente poder de Apple, ante lo cual puede surgir la siguiente pregunta: ¿estarían las industrias audiovisual, del libro y del periodismo dispuestas a darle poder a Apple para tener sus productos en iTunes?

Actualización relacionada: mi opinión sobre el iPad.

Música "2.0", Si Google suena es porque música trae

¿Recuerdan el año pasado lo de Google/Guge en China para la descarga de música?

Bueno yo sí. Hay rumores de que lo que en ese momento parecía un interesante experimento, en un mercado que los sellos mundiales ya daban por perdido, podría estarse acercando al resto del mundo.

Posiblemente, las multinacionales de la música ya comprendan que nunca volverán a tener el control de la industria como antes. Techcrunch dice que estarían llegando a acuerdo con Google para lanzar un servicio en EEUU, y algunos creer que podría ser similar a lo de China, que permitiría descarga libre de música. Pero no estoy convencido de que sea un servicio similar, y Cnet tampoco.

La creciente frustración -particularmente por parte de dichas megacompañías- con iTunes y su jardín cerrado podría darle sentido, pero ya habían venido anunciado hace tiempo una iniciativa para intentar hacerle el peso a Apple y finalmente quedó en vaporware.

Si los sellos estuvieran dispuestos a intercambiar música por atención y reducir enormemente sus potenciales ganancias, quizás podría resultar expandir a otros mercados algo como lo de China. Personalmente dudo de los rumores que circulan, pues por lo visto a Google no le gusta establecer acuerdos tan cerrados y sería más su estilo ofrecer una plataforma donde tanto los sellos como los actores del extremo más pequeño de la cola larga puedan participar, y partir por ese extremo, como el caso de YouTube.

Como sea, los pantallazos de Lala que muestra Techcrunch se ven interesantes, y no dan cuenta de un servicio de descarga libre sino de una escucha en línea con la posibilidad de comprar el derecho a descarga, algo así como juntar Last.fm con Amazon, desde el punto de vista de la experiencia de usuario.

La información se ha ido aclarando, y decanta en que Google entregará extractos, fotos, información biográfica y tal dentro del One Box, y en algunos casos podrá permitir oír el audio completo pero no ofrecerá descargas directamente.

Lo que sí podría ofrecer eventualmente -una vez que se gestionen los acuerdos de las comisiones correspondientes (Wired Epicenter)- son enlaces para comprar el descargable en Amazon y iTunes.

En resumen: el servicio que Google lanzará el 28 de octubre no será como lo del año pasado en China, ni será un iTunes ni un Amazon, será más bien una búsqueda especializada que en algunos casos ofrecerá un extracto (a lo iTunes), una escucha completa (a lo Last.fm) y eventualmente descarga via terceros.

Si bien esto podría parecer de mucho más bajo perfil que los rumores iniciales, con el 70% del mercado de las búsquedas de Google y un cúmulo significativo de audios licenciados para escucha completa, podríamos estar viendo el inicio del destino final de la música online.

Veamos qué ruido nos trae el rio. En el peor de los casos le está saliendo una importante competencia a Last.fm.

Perdido en el Espacio / El Último Vuelo


Me fijaba en las huellas que dejabas.

Escuchando Aldea Local capítulo 01

Claudio Gutiérrez ha tomado el asunto entre manos, y ha creado este programa de radio, disponible los sábados y domingos por radio Nuevo Mundo y los lunes vía web, para destacar la música que se hace en Chile. Link.

El problema de la nueva LPI: la impunidad de los proveedores de acceso

Aceptando la invitación de Claudio Ruiz, le dediqué un tiempo a leer el proyecto de la nueva Ley de Propiedad Intelectual (LPI), y ver si realmente le da o no "carta blanca" a los proveedores de acceso. Aunque hay interesantes avances respecto de el código que reemplaza, me parece que queda un vacío que favorece injustamente a cierta industria en detrimento de otra.

Paso a explicar:

El proyecto presenta cerca de su comienzo la idea de penalizar "cualquier utilización no autorizada de obras protegidas por derechos de autor y de interpretaciones, producciones y emisiones protegidas por derechos conexos", es una frase alarmantemente general que sin la excepción (Régimen de limitación de responsabilidad de los prestadores de servicios de internet), haría que dichas compañías puedan ser considerados asociaciones ilícitas.

Entonces se necesita una excepción. Pero la excepción parece algo extrema al especificar que (literal de 85 M): "los prestadores de servicios sólo podrán ser objeto de las medidas prejudiciales y judiciales que se refieren en el artículo 85 S" y no podrán estar sujetas a "pago de ningún tipo de indemnización".

Similarmente, 85 L podría llegar a indicar -según indicaciones propuestas- que "los proveedores de tales servicios quedarán excluidos de responsabilidad" o "los proveedores de tales servicios no tendrán responsabilidad alguna", lo cual está muy bien respecto de la naturaleza de los contenidos mismos, por ejemplo no le toca a la empresa velar por si sus usuarios están accediendo a pornografía infantil o estudiando cómo fabricar bombas atómicas, pero es muy injusto desde el punto de vista del lucro comercial que se haga con los contenidos.

El cuerpo legal incorpora algunos elementos de protección a titulares de derecho de autor, pero de una manera que en la práctica implica dificultad en los procedimientos para que dicha protección se lleva a práctica, y además asegura que haya mucho trabajo para los expertos en derecho que tendrán que defender a las partes.

Aunque hay avance respecto de la ley actual, la nueva ley parece demasiado lenta y compleja para la velocidad en la que ocurren los usos de hoy. Por ejemplo, se establece un mecanismo mediante el cual un particular o la sociedad colectiva que le representa pueden solicitar el bloqueo del acceso a cierto sitios (85 S) y bloquear determinados usuarios (85 T), siempre que el denunciante pueda indicar "localización del material infractor en las redes o sistemas del prestador de servicios respectivo".

El problema con esto es que, considerando la naturaleza de las redes p2p, es poco práctico bloquear de manera individual a los cientos o miles de usuarios que comparten un archivo, o individualizar los cientos o miles de archivos que pueden ser compartidos por un usuario determinado. Para cuando el procedimiento legal haya dado lugar a un mandamiento para el proveedor, el usuario tendrá otra dirección IP, estará compartiendo otros archivos, conectado a otros nodos p2p, etc.

La tecnología involucrada y su acelerada evolución versus lo lento y torpe de sistemas legislativos y judiciales, es la razón por la cual la EFF, Gerd Leonhard y yo -aunque no proponemos exactamente las mismas cosas- compartimos la idea de un sistema de compensación en base a estadísticas. El mundo hoy avanza a velocidad de tiempo real, las soluciones reactivas no sirven.

La nueva LPI asegura exactamente lo que yo temía: ni siquiera le estamos dando al gato el rol de cuidar la carnicería, le estamos dando de comer la carne directamente. Con la nueva ley estaríamos dándole inmunidad a los proveedores de servicios de conectividad, en cuanto a compensar por los contenidos con los cuales están lucrando.

Dado que el proveedor de acceso a Internet es intermediador creciente de todos los contenidos, su negocio crece a costas del uso de dicho recurso, cuyos titulares de derecho serán cada vez menos compensados por las vías tradicionales (radio, TV, ventas físicas), introduciéndose una grave y creciente distorción en el mercado, cuyos alcances hoy son difíciles de dimensionar para los legisladores que, por diversas razones -todas legítimas y perdonables, pero reales- no están al tanto de los profundos cambios que la masificación de la Internet está ocasionando en la sociedad.

Claudio ha hablado de la necesidad de que la industria ceda el control, una idea que yo comparto. Pero ceder el control no debería tener que ir de la mano con desproteger o abandonar el negocio. En este caso, le estamos cediendo el negocio -en condiciones de inmunidad anticompetitivas- a un particular tipo de prestador de servicios, que además en Chile es un oligopolio, y que en esa condición mantiene tarifas altas para el tercer mundo. A mi me da lo mismo si eso es injusto para las compañías discográficas y para los grandes conglomerados de comunicaciones. Lo que no me da lo mismo es que eso vaya en detrimento de los creadores de contenidos.

Aunque yo no tengo experticia en el ámbito legal, puedo ver que el proyecto, cuando describe la excepción propuesta para prestadores de servicios que efectúan almacenamiento, servicios de búsqueda, vinculación y/o referencia, condiciona la excepción a que el prestador "no reciba un beneficio económico directa-mente atribuible a la actividad infractora". Si esa excepción a la excepción se aplicara también a quienes transmiten, enruten o proporcionen suministro de redes, entonces me parecería que estamos avanzando en la dirección correcta, pero no es así.

Una propuesta como la que he explicado daría lugar a compensación inmediata, sin necesidad de costosos procedimientos legales, y de hecho complementaría la nueva ley al estar alineada con el anhelo de la "existencia de otras formas de observancia menos gravosas para asegurar el respeto del derecho que se reclama".

Quizás por eso he encontrado un inesperado apoyo entre músicos que han venido a leer aquí, y comprenden el problema además porque lo viven en carne propia y no como un ejercicio teórico.

Trato justo: la solución (parte 2, la tecnología)

Veníamos conversando de una propuesta, a propósito de la relación entre proveedores de acceso a Internet y los creadores de contenido, y la nueva ley de propiedad intelectual que por estos días está siendo revisada por el poder legislativo chileno.

Cada vez que hablo de una solución como la que estoy describiendo, surgen dudas acerca de su factibilidad, costo, y el asunto de la privacidad. Por lo tanto tocaré todos esos aspectos.



En términos concretos, se trata de equipos (de a dos, redundancia) conectado al backbone de las empresas proveedores de Internet, con software programado para buscar keywords además de determinar tipos y cantidades de trafico.

El sistema mediría tráficos y haría muestreo profundo de paquetes, para determinar estadísticamente qué volumen corresponde a contenidos sujetos a licencia. Mediante análisis de palabras clave, el sistema también entregaría estadísticas que facilitarían la distribución de los pagos entre beneficiarios de las entidades de gestión colectiva, información que EFF sugiere complementar con estadísticas públicas de sitios con masas críticas de audiencia como Last.fm .

El costo del sistema, incluyendo la programación y supervisión del funcionamiento de la red de monitoreo resultante, no debería superar los US$75 mil al año, siempre que se cuente con la debida cooperación de las empresas que proveen acceso. La ley podría ayudar en este punto. Estimo que en el primer año ese costo sería menos del 20% de lo recaudado, e iría disminuyendo con el tiempo.

Para casos en que se trate de descargas desde servicios que tienen mecanismos de pago directo, o cuando los autores hayan liberado gratuitamente los contenidos, se establecería un registro de los sitios correspondientes. Por ejemplo el tráfico con sitios como Amazon.com, Itunes Store, CD Baby, Last.fm, AmieStreet, etc. no sería contabilizado, ya que estaría liberado de la necesidad del pago de derechos.

Privacidad

A menudo se menciona el ejemplo del teléfono para hablar del tema de la privacidad. La gracia de lo ‘net es que se trata de conmutación de paquetes y no de conmutación de circuitos, en capas múltiples. Entonces, así como en el caso del teléfono el proveedor no necesita interceptar el contenido de tu comunicación para saber que se trata de una llamada a alguien que está en otra compañía, otro país, su duración, si tiene video, etc., en la Internet se pueden analizar capas y con más detalle, por ejemplo se puede determinar si estás bajando un audio, un video, el nombre y autor de la obra, etc.

Transparencia

Para evitar dudas acerca del resguardo de anonimato y privacidad de usuarios, el software tendría que ser de código abierto y de conocimiento público, y su programación, operación y mantenimiento tendrían que estar a cargo de un tercero imparcial, vale decir no el proveedor de Internet ni tampoco las entidades de gestión colectivas de derechos.

La opción natural es que dicho rol lo asuma el gobierno, creando una oficina especializada, quizás bajo la responsabilidad de la SubTel pero en coordinación con el Ministerio de Economía y el Ministerio de Cultura. El estado entonces no haría necesariamente la recaudación ni la repartición, sólo se encargaría de la medición y la entrega de la información correspondiente a las sociedades de autores, y dicha información tendría un carácter público.

Incluso, podría ser de gran valor para la industria y el quehacer artístico nacional permitir el acceso público en tiempo real (algo de estilo Google Trends, Tweetmeme, etc.), donde artistas y otros participantes de la industria se informen directamente de la respuesta del público a sus contenidos.

Si bien no digo a priori que la recaudación resultante sea gestionada por la SCD, es evidente que dicha organización tiene un recorrido ya hecho, por lo tanto sería buena candidata para la labor, aunque en ese caso me gustaría ver aumentado el rol fiscalizador del estado, en supervisión de dicha entidad. Particularmente considerando que bajo su alero opera un sello discográfico lo cual la hace ser juez y parte.

Trato justo, una la solución posible (parte 1, la hipótesis)

¿Sería posible modificar la relación entre proveedores de acceso a Internet y creadores de contenidos, para lograr un trato más justo que el de hoy?

Según mi estimación preliminar, podría bastar con que proveedores de acceso compensen aproximadamente US$1 mensual por usuario, en la gran mayoría de los casos.


Dado que si uno no es parte de la solución es parte del problema, decidí pasar de llorar a proponer, una idea que he venido masticando por años. Como he trabajado en ámbitos de Internet y producción musical, comprendo algo de ambos, entonces creo que mi punto de vista puede ser interesante de compartir.

Un grupo de más de 40 personas (menciones al final) ha contribuido enormemente a lo quiero proponer, no necesariamente por estar de acuerdo, pues precisamente la discusión interesante nace de las dudas y de conocer distintas posiciones. Puede ser tremendamente fructífero estar en des-acuerdo.

También tomé en cuenta la encuesta de canal.cl de la semana pasada, con la siguiente pregunta: ¿Cuál sería un trato justo, entre artistas y compañías de telecomunicaciones que distribuyen su contenido?
  • 37% cree que es legítimo que se produzca compensación a través de empresas de Internet, donde aproximadamente la mitad cree que ello lo debe administrar una entidad privada y otra mitad cree que se debe encargar a una institución pública.
  • 33% prefiere mecanismos de pago directos (cupones, tarjetas de crédito, etc.),
  • 27% opina que artistas deben ofrecer gratuitamente su obra en la 'net, y sustentarse por otros medios.

Nótese que es una distribución de tres tercios, no hay mayoría absoluta, ergo la propuesta tiene que permitir convivencia de las tres modalidades descritas, vale decir
  • que permita compensar a través de las empresas de Internet,
  • el sistema no debe entorpecer o generar duplicidad de cobros para quienes reciban pagos directos,
  • incluyendo eximir de compensación a los creadores que deseen renunciar a ella.

Me satisface señalar que un 70% de quienes votaron parecen estar de acuerdo en que se debe pagar por los contenidos descargados, ya sea mediante pago directo o a través de su cuenta de Internet.

Es una muestra pequeña, y naturalmente sesgada por el tipo de audiencia que tiene canal.cl (obviamente simpatiza con mis ideas), pero igual los números me parecen notables, no los esperaba.

Convirtiendo lo ilegal en legal

Existe consenso en la comunidad creativa de que el uso actual de los proveedores de acceso a Internet es injusto, pues tiene como un fuerte componente la reventa de material que no ha sido autorizado, licenciado, pagado.

Sin embargo y como propongo en el artículo anterior, los clientes de dichos proveedores de acceso, los usuarios finales, quienes accedemos al contenido, pagamos por él. Por lo tanto -al igual como cuando en el comercio pagamos por cualquier otro producto o servicio- podemos asumir como implícito que no estamos en la ilegalidad.

Un ejemplo sencillo

Si vamos a un restaurant a almorzar, no ponemos en duda la condición legal del pan, la sopa, el arroz, la lechuga, etc. Asumimos que el restaurant ha pagado lo justo por todo ello, incluyendo sueldos y comisiones al personal.

Incluso en el caso de la música que se toca en el restaurant -ya sea por si sóla o sincronizada con imágenes en la TV- se acepta y genera un pago compensatorio por su uso, lo cual es lógico dado el valor que puede agregar al ambiente del lugar.

Al igual que el caso del restaurant, la mayoría de los internautas no tenemos por qué conocer la estructura de costos del proveedor de Internet. Consecuentemente, los internautas no somos delincuentes, ni por acción ni por omisión.

Acusar de estar pirateando a un cliente que paga por el acceso, es equivalente a acusar al cliente del restaurant de cometer un delito si el establecimiento en cuestión no pagó un impuesto, o un sueldo, o la cuenta del gas.

Ahora bien, eso nos deja con un problema concreto a solucionar, y es que los proveedores de acceso a Internet no están pagando derechos por contenidos que requieren licencias para su comunicación pública.

Precedente histórico irrebatible: la radio

Algo muy similar sucedió en la primera mitad del siglo 20, con la aparición de la radiodisfusión. Reactivamente, los autores y discográficas entraron en pánico, pero prevaleció la inteligencia, se crearon sociedades de representación (similares a la SCD) que negociaron pago de derechos de transmisión con las radioemisoras, para que dichas empresas pudieran compensar a los creadores de los fonogramas que sustentaban su negocio. Como a los autores y sus socios (las disqueras) también les convenía la promoción que les daba la radio, las tarifas que se negociaron no fueron desmesuradas, la industria creció y un número cada vez mayor de usuarios tuvo acceso a la música.

Adaptándose a los tiempos digitales

Llevar esta misma metáfora al nuevo paisaje medial es un desafío grande, no sólo en lo tecnológico, también en lo legal, pero no imposible.

Mediante un sistema de muestreo y pago, similar al que se usa con la radio y la TV, la situación de anomalía actual podría revertirse en 180 grados, y tanto el rol de las empresas como el uso por parte de usuarios pasarían a ser totalmente legal, continuaría en crecimiento y competencia el acceso interactivo a la música, además surgiendo oportunidades para nuevos artistas, por la conocida disminución revolucionaria en el costo de distribución y promoción que supone la red.

Todos ganaríamos porque:
  • creadores se compensarían y se haría sustentable su trabajo,
  • proveedores de acceso se liberarían de la responsabilidad del pirateo y podrían publicitar abiertamente el acceso ilimitado a contenidos licenciados,
  • clientes accederían sin límite y legalmente al contenido, por el precio más bajo de la historia.

No sólo es posible, es fácil

Por supuesto habrá quienes pongan el grito en el cielo por distintas razones, entre ellos:

Algunos sellos discográficos y las organizaciones gremiales que les representan, que basaban su negocio en el control del acceso a los contenidos, y que aún no entienden que en ese rol han sido totalmente reemplazados por los proveedores de acceso a Internet. Dirán que es inconstitucional, injusto, inmoral, que los músicos son flojos y avaros, que son víctimas de las transnacionales de la música, que las sociedades colectivas son corruptas, que el papa es infalible, etc.

Los proveedores de acceso a Internet y sus defensores podrían amenazar con subir los precios, dirán que el muestreo es técnicamente imposible, que se negarán a ser auditadas, y que la tierra es tan plana como sus altas tarifas. Sin embargo, marginan tanto (cada vez más, ya que su costo principal -el ancho de banda internacional- baja de precio continuamente), que no sería necesario el aumento de precio, de hecho sería impresentable dadas las cifras que propongo a continuación.

Concretando

Hagamos un ejercicio rápido: establezcamos un derecho fonomecánico (¿fonoelectrónico?) de un 4%. Convengamos en que un 80% del ancho de banda de las conexiones es p2p (llegamos a 3.2%), y que de eso sólo el 75% es sujeto de compensación. El resultado es un 2.4%. Apliquemos eso a una conexión de banda ancha domiciliaria de las más caras: si pagas cl$20 mil por mes, la compensación sería de cl$480 .

¿Alguien puede creer que el proveedor aumentará la tarifa de cada usuario en cl$480 mensuales? Yo creo que no, el proveedor simplemente va a retrasar un poco más su siguiente rebaja de precio o aumento de ancho de banda de los planes.

La empresa de acceso Internet que compense a los autores y pague las licencias correspondientes, logrará dos cosas:
  • posicionarse comunicacionalmente como un actor a la altura de los tiempos, participando del "yo te doy tú me das", y
  • evitará las millonarias demandas colectivas que las sociedades autorales -con o sin el apoyo de la industria discográfica tradicional- podrían aplicar.
En Chile estamos a punto de promulgar una ley de propiedad intelectual reformada, que si bien al parecer mejora algunos resguardos, podría incluir excepciones para los proveedores de acceso a Internet, que les permite seguir abusando como lo han estado haciendo hasta hoy. Pero como se puede ver en los números que he propuesto, no tiene por qué ser injusto para las empresas que dan acceso a la Internet, pueden ser números muy razonables.

Las cifras que he planteado son aproximaciones preliminares, habría que medir de tráfico y hacer muestreo en los backbones de los proveedores, para tener números de mayor certeza. Sin embargo no tengo razón para creer que el número final tendría que ser más alto, de hecho probablemente sería más bajo.

Y esto nos lleva al siguiente punto, la infraestructura de muestreo. De eso y otros detalles hablo en otro post.

Invito a seguir en la conversación, para perfeccionar la propuesta. Deberíamos haberla tenido hace años, debería ser un wiki en la web de la SCD, o del Ministerio de Cultura, o del Congreso Nacional. Pero bueno, es lo que hay. En una de esas, todavía no es demasiado tarde.

Los internautas no somos piratas, porque ya pagamos por accesar el contenido

Más de alguien habrá notado que no he publicado artículo nuevo en más de una semana. Pero no es porque no haya escrito. De hecho, creo que hace meses que no blogeaba tanto.

Hice un experimento, y de paso descubrí algo notable. En vez de blogear aquí, probé una estrategia diferente y conversé en otros espacios que están hablando acerca del conflicto que existe entre creadores, proveedores de acceso Internet y clientes, y la inminente nueva ley de propiedad intelectual en Chile, incluyendo donde Carlos (El Diablo en los Detalles), Christian Leal (El Francotirador), Claudio Ruiz (Quemar las Naves).

Ya no basta con llorar

Mientras comentaba sobre el tema, fui entendiendo que es necesario ir más allá que señalar el problema y la injusticia. Primero porque de eso se ha hecho cargo -a mi juicio sin mucho éxito pero si con harto ruido- la SCD. Y de contrargumentar las inconsistencias o vacíos de la SCD se ha encargado Claudio Ruiz en su sitio y en FayerWayer. Entre los planteamientos, grupos en Facebook, manifestaciones callejeras y y blogs de la SCD y Claudio, ha quedado claro que estamos en presencia de un problema.

Estuve toda la semana pensando y comentando, bajo el firme convencimiento de que debe haber solución al entuerto y con una hipótesis en la cabeza. Incluso me encontré (gracias a Carlos) con una propuesta de la Electronic Frontier Foundation, que no es exactamente lo mismo que propongo para Chile, pero tiene fundamentos en común y similitud de forma.

Los internautas no somos delincuentes, somos clientes

Mientras leía y escribía me preguntaba: ¿Por qué nos cuesta a los usuarios de Internet poner atención sobre la necesidad de compensación para los creadores del contenido disponible en la red?

Buscando respuesta, entendí lo que intuía pero que hasta ahora no había tomado forma tan claramente para mi: los internautas no somos los piratas, puesto que ya estamos pagando por accesar los contenidos.

Por eso, hasta los que tienen dinero para comprarse la disquería completa, hasta los que bajan día por medio una canción vía iTunes, pero especialmente los que no lo hacen, sienten a incluso inconsciente como algo legítimo bajar música a través de su conexión de banda ancha, con la misma soltura con la que sentimos legítimo comer lo que nos entregan en un restaurante.

Entonces ¿quién es el pirata?

El paso siguiente entonces es examinar el rol del proveedor de acceso, y reflexionar acerca de -independiente de si desde el punto de vista de la ley actual es o no ilegal- determinar si nos parece o no justo el trato bajo el cual opera dicho negocio, donde los clientes pagamos, pero los creadores no son compensados.

Quiero creer que debe ser posible regularizar la situación, de una manera que no perjudique la usabilidad de la red, resguarde la privacidad de los usuarios, compense a los creadores y siga siendo buen negocio para los compañías de telecomunicaciones. La explicación de mi propuesta, en un próximo artículo (link actualizado).

Last.fm comienza a pagar regalías directamente

La radio interactiva por Internet conocida como Last.fm ha comenzado a pagar regalías a los artista directamente.

El programa había sido anunciado en enero, y desde entonces artistas y pequeños sellos han subido al sistema aproximadamente 450 mil canciones. Con esta inciativa, Last.fm pasa a desintermediar organizaciones como SoundExchange, RIAA, SGAE, SCD, etc.

Según Last.fm, los artistas recibirían más del doble en regalías que lo que habrían recibido si la misma canción fuera reproducida en una radio tradicional. El dinero, correspondiente al 10% de lo que se recaude por publicidad que se despliega cuando un usuario oye la canción, se acumula y es enviado al artista 4 veces al año siempre que supere los US$10. (fuente).

Pero no todo es color de rosa, para que el modelo de escucha-por-publicidad sea sustentable, los sellos necesitan reducir drásticamente el precio que cobran a sitios como Last.fm. Esto está explicado en (Alley Insider por Lucas Gonze.

Aprobado impuesto a dispositivos y almacenamiento en España

A partir de ahora, El CD y el DVD pagarán 0,17 y 0,44 euros, respectivamente, teléfonos móviles o PDAs con capacidad para reprodicir MP3 tendrán que pagar 1,1 euros, y los reproductores dedicados de MP3 y "MP4" pagarían 3,15 euros.



Ello fue publicado hoy en el Boletín Oficial del Estado (BOE). La iniciativa no tendrá efecto retroactivo, y se aplica también a scanners, impresoras (inyección de tinta, laser) y fotocopiadoras.

Los discos duros que estén integrados en equipos descodificadores de señales de televisión digital por ahora quedan excluidos, pero más adelante sería de 12 euros por unidad.

El impuesto, conocido como "canon digital", lo paga el fabricante (no el consumidor) y es un mecanismo que pretende compensar a los autores por los ingresos que dejan de percibir cuando se hace una copia de su obra.

Una mecanismo similar que se iba a implantar en Canadá fue desestimado por la corte federal de dicho país. Canadá fue uno de los primeros países en aplicar un impuesto de este tipo a los CD, hace años.

¿Solución coherente o incoherente?

En el contexto de una cultura del corto plazo, donde las personas incluso deben ser gravadas obligatoriamente con el fin de ahorrar para su salud y su pensión de vejez, ¿sería tan incoherente que nos obliguen a pagar por los productos de arte que consumimos? Yo pienso que no. Lo que ha sucedido en España es un interesante intento compensatorio, con el que no estoy de acuerdo pero donde reconozco un interés de esa sociedad, representada por sus autoridades, de defender su industria audiovisual y musical.

El mencionado impuesto español tiene un caracter limitado, se ha definido un máximo que pueda ser percibido por él, para evitar que la SGAE por ejemplo se llene de dinero. Cosa en todo caso bastante improbable, si consideramos la pequeña magnitud del impuesto por cada dispositivo. Una pizza individual en madrid cuesta lo que equivale al impuesto de un iPod.

Personalmente encontraría mucho más interesante un cobro mayor, pero que haga legal toda la copia, incluso de los contenidos que hemos descargado. El problema en ese caso -y también en éste- es que la ley estaría "adivinando" para qué cada uno usa su aparatito, lo cual no es óptimo, especialmente considerando que hay maneras de saber estadísticamente lo que los usuarios descargan.

Por lo mismo, la solución francesa -con la que tampoco estoy de acuerdo en su forma actual- es más inteligente que la solución española. Lo que no debería sorprendernos dada la conocida diferencia entre la educación española y la educación francesa.

Hay estadísticas de que las personas escuchan más de una vez menos de aproximadamente el 1% de lo que descargan, y en total escuchan menos del 3%. Esto significa que- si cada vez que descargamos una canción se cobrara US$ 0.05, los autores (y productores, en caso de contrato editorial) podrían percibir más por las descargas y escuchas libres pero legales, que lo que perciben actualmente por ventas en iTunes. Modelos basados en cobros más coherentes, están siendo probados actualmente en países como Noruega.

Un modelo mejor

En Noruega NetCom, en conjunto con Universal Music, está llevando a cabo un proyecto piloto en que se habilita la libre descarga de unas 50 mil canciones, para luego examinar estadísticamente su uso y determinar cuál es la manera de cobrar. De ese tipo de experimentos, saldrán datos que permitirán que -por ejemplo- paguemos US$5 mensuales a nuestro proveedor de Internet y tengamos el derecho legal de descargar todo cuánto se nos antoje.

Lo interesante del caso es que -como ya he mencionado con anterioridad- es posible para los proveedores saber estadísticamente la cantidad de música descargamos, sin necesidad de invadir nuestra privacidad, Pero lo que hoy la gente descarga tiene que ver con su presunción de que no tienen que pagar, y de que están descargando algo que tiene un tremendo valor comercial.

En el reino unido, un estudio de British Music Rights mostró que el porcentaje de encuestados dispuestos a pagar por un servicio legal de descargas ilimitadas es de un 63% entre personas que actualmente no descargan y un 80% entre quines ya descargan ilegalmente.

Pienso que en poco tiempo las percepciones se aterrizarán y tendremos un modelo coherente, para que los proveedores de acces a Internet -que son los que más se enriquecen con el pirateo, porque a ellos les pagamos por el ancho de banda necesario para descargar- puedan compensar adecuadamente a los que realizan los contenidos que sus usuarios descargamos.

Vieja Escuela del Hip-Hop chileno pierde a uno de sus próceres

Por Claudio Gutiérrez


Por Claudio Gutiérrez.

A última hora de ayer martes, supe por medio de Lulo de Legua York que el cáncer nos había arrebatado a Fernando Fierro, uno de los dos MC's del grupo M-16.

A M-16 los conocí el año '93, cuando Alerce organizó el ciclo de conciertos "El Sonido de los Suburbios" en seis comunas de la capital. Una de ellas fue Macul, que además de facilitar el gimnasio y los permisos, convocó a una audición para seleccionar al grupo musical que representaría a la comuna en el concierto. De la audición, finalmente, se seleccionaron a dos grupos. Uno de ellos era M-16.

Años más tarde (durante el '95 o 96'), participamos con Fernando y Giorgio (el otro integrante de M-16) como jurados en el programa de televisión "El Club de Amigos de la Red". Animado por Savka Pollack, el programa infantil tenía una competencia de breakdance en la que participaban niños. Nosotros debíamos escoger a los ganadores. Obviamente, casi siempre ganaron niños que venían de poblaciones.

Fernando era muy entusiasta y bromista. Siempre estaba preocupado por los demás. Su compromiso con el hip-hop fue completo. A través de M-16 no sólo creo sus propias canciones, sino que también ayudó a que muchos otros lo hicieran, creando colectivos, organizando tocatas, realizando talleres y colaborando con grupos nuevos.

Si bien, M-16 nunca tuvo el reconocimiento mediático de Panteras Negras y La Pozze Latina, es, sin lugar a dudas, una de las bandas fundamentales de la "vieja escuela del hip-hop chileno" y Fernando uno de sus próceres. Su ejemplo debiera servir de norte a las bandas de la tercera generación (o "Novísima Escuela") para que asuman de la misma forma en que él lo hizo, el compromiso con los suyos y la transformación de las realidades a través del hip-hop.

La siembra de Fernando Fierro, dio y seguirá dando una muy buena cosecha. ¡Hasta Siempre!

Time/Edgar Bronfman acerca de Radiohead y el fin de los grandes sellos discográficos

Edgar Bronfman Jr., presidente del Warner Music Group, dice que está parcialmente de acuerdo con quienes vaticinaban el "fin de los mayores sellos de música del mundo".

Según Bronfman, el tradicional modelo de negocios de los sellos discográficos, aquel basado en el control de la distribución y el acceso, está muerto. El ejecutivo explica que la industria ya no está definida por sólo un modelo, está definido por miles de ellos.

Contexto: Radiohead es una de las "personas" en la quinta lista anual de las 100 personas más influyentes, según la revista. El listado también incluye a Bachelet.

Gracias @jccamus.

We7: nuevo look y nuevo feel

Ahora ofrece la escucha gratuita en línea además de descargas con y sin publicidad.

El sitio inglés, un proyecto de música 2.0 entre cuyos inversionistas se cuenta Peter Gabriel, ha modificado su aspecto visual y funcional, entrando en el terreno de last.fm al ofrecer la música a cambio de atención, o sea publicidad.

A diferencia de last.fm, la oferta de streaming está complementada con la posibilidad de pagar para descargar las canciones, y también de descargar gratuitamente mp3 con publicidad incrustada. En vez de casarse con un modelo, We7 está ofreciendo a quienes hacen la música y a quienes la escuchan una diversidad de posibilidades, todas justas y legales.

Qué nos gusta?

Que es un modelo sencillo y fácil de comprender, que conecta a el arte con el artista de una manera que en el fondo no es nueva, si no similar a la radio, TV, diarios, etc.

Qué no nos gusta?

Quizás el catálogo aún no tiene la amplitud necesaria, aunque la incorporación de 500 mil canciones de Sony BMG es bienvenida. La cosa está recién comenzado, ojalá pronto se sumen los otros sellos grandes.

Adicionalmente, partes del catálogo no están licenciadas para todos los territorios, por lo tanto desde Chile por ejemplo es fácil hallar que incluso algunos álbumes destacados no son escuchables.

Tampoco gusta que usando Safari en Mac, el player no persiste al cambiar de página, por lo tanto es imposible navegar el sitio mientras se oye música para agregar más música desde otras secciones. Seguramente tiene arreglo y pronto.

De qué me sirve?

Si eres artista, puedes subir tu arte sin grandes barreras de entrada en comparación con iTunes, Amazon y CD Baby, y compartir esta tribuna musical en igualdad de condiciones con Sony BMG. Si eres melómano, hallarás aquí una manera legal y ética de conocer música nueva (incluyendo todo el catálogo WOMAD), sin necesidad de pagar pero con la posibilidad de hacerlo.

Ve y prueba el sitio: http://www.we7.com/.

Muere Sonific: experimento de "música 2.0" por Gerd Leonhard

La idea del Sonific Songspot music widget era que cualquiera podía -en su sitio web- compartir música en torno a una red social, de manera similar a como se hace con Last.fm, pero en forma más abierta y colaborativa.

Dado el complejo panorama que vive el ámbito de la música profesional, muchos tenemos los ojos puestos en modelos alternativos, tecnologías y servicios innovadores que permitan la sustentabilidad del arte sonoro. Gerd Leonhard, uno de los principales teóricos en torno a estos temas, desarrollo su proyecto de widgets precisamente para apuntar a estar necesidad.

Sin embargo, debido a la imposibilidad de llegar a acuerdo con los sellos en cuanto a licencias (una cosa es ser CBS y otra cosa es ser Gerd Leonhard), la iniciativa no pudo seguir adelante.

En un post en su sitio, Leonhard explica la situación, cuenta que seguirán trabajando en la búsqueda de un modelo sustentable y recomienda las siguientes listas de recursos: Rocket Surgeon Music 2.0 directory y la lista de Go2Web20.

Hay una nota en Wired.

Un proyecto similar a Sonific, y que acaba de ser demandado por los sellos, es PlayList.com.

Seminario “Acceso a la Cultura y Derechos de Autor” (2/3)

Por Claudio Gutiérrez



Por Claudio Gutiérrez.

El Seminario “Acceso a la Cultura y Derechos de Autor” estuvo dividido en 3 partes. La primera (realizada la mañana del jueves) tuvo como epílogo al representante de la SCD caminando hacia Condell mientras comentaba sus "metidas de pata" en el Seminario.

La segunda parte (realizada la tarde del jueves) tuvo 2 mesas redondas. Una de ellas fue sobre la realidad regional de los derechos de autor y acceso al conocimiento y está incluída en mi primer resumen. La segunda mesa abordó el mismo tema, pero con otros panelistas. A continuación el resumen de lo que fue relevante para mí:

Las Dicotomías

Claudio Ruiz de Derechos Digitales comenzó haciendo las siguientes afirmaciones:

  • "La tecnología tiende a la apertura"

  • "La legislación tiende al control"

  • "En Chile no existe claridad normativa sobre el acceso a la cultura"

  • "La Constitución (Política del '80) privilegia la libertad sobre la IGUALDAD"

  • "Los derechos de autor NO están vinculados con la libertad de conciencia" (rebatiendo lo afirmado por el representante de la SCD anteriormente)


Ignacio Rodríguez de Rementería