Patri-momio

"... algo huele mal., afuera hay cinco tipos que me quieren..." así decia la canción de Dekiruza. En ese tiempo era "liquidar". Hoy es qué? Vender algo? Des-sensibilzar? Se me vienen hartas posiblidades a la mente. La verdad es que estoy un poco indiginado. Están pasando cosas muy raras.

Durante los últimos 5 años, he observado como las autoridades de Valparaíso permitieron que una casa maravillosa --en pleno casco histórico de una ciudad que la UNESCO ha declarado monumento de la humanidad, en la zona de dicho casco que ostentaba los máximos reconocimientos patrimoniales-- se esté permitiendo a Cencosud construir un supermercado.

Como si eso no fuera suficiente para agredir y horrorizar a habitantes y urbanistas, ayer la empresa --como parte de sus actividades de construcción-- comenzó la demolición ilegal de una propiedad colindante en perfecto estado, sobre la cual además Cencosud no tiene derechos de propiedad. Dicha propiedad era utilizada por el arzobispado católico como comedor popular, donde daban comida a más de 200 personas. Será que se le pagó una comsición al arzobispado? Será que el Santa Isabel va a dar 200 almuerzos al día? Esta demolición no está descrita en el proyecto sometido a la Dirección de Obras Municipales, no hay permiso de demolición, no se ha tramitado este trabajo en el Consejo de Monumentos Nacionales, ni ha sido aprobado por la Secretaría Regional del Ministerio de Vivienda y Urbanismo.

Mientras, los profesionales de relaciones públicas de la empresa, con la complicidad de los medios de comunicación, nos tratan de convencer de que el proyecto respetará la arquitectura del entorno y remata con el clásico argumento de los puestos de trabajo, cuando hay estudios serios que demuestran que el comercio detallista, tradicional en la zona, favorece mucho más el empleo y el desarrollo económico local, cuando hay miles de firmas de oposición a este proyecto presentadas hace ya años ante la autoridad. Hoy la autoridad --en una actitud complaciente con los empresarios y oponiéndose a la voluntad popular expresada en dichas firmas-- no sólo avala el proyecto y hace la vista gorda a sus transgresiones legales y estéticas, si no que además se permite declarar públicamente que el proyecto tiene caracter cultural porque incluye un local de venta de revistas y una cafetería. Esto está todo mal.

Si estas cosas son propias del primer mundo, quiero que me devuelvan al tercero. Si este es el contrato social que me toca: demando por incumplimiento de contrato. O mejor aún: renuncio.

Ignacio Rodríguez de Rementería