Recortes de Ignacio Rodríguez de Rementería / @micronauta

2009/03/19

El futuro de las noticias, la narrativa está cambiando (video)


Hablando en hace un mes en el O’Reilly Tools of Change 2009, Nick Bilton hizo referencia a un post en su blog abordando la supuesta muerte de los diarios.

Bilton indicó que al fin y al cabo, el diario lo que hace es contar historias, que seguirán necesitando ser contadas. Hoy somos como "nómades conectados tratando de hallar refugio en una tormenta de información", y el diario -como entidad experta en la adquisición, procesamiento y entrega de información- puede jugar un rol significativo, siempre que se adapte a los cambios que están ocurriendo.

Al revisar el historial de su browser, descubrió que cada día ve 162 mil enlaces en la web. Nuestro cerebro no puede absorber toda esa información, ni él ni nadie podría revisar todos esos enlaces, entonces lo que está sucediendo es que le estamos delegando ese rol a nuestra interacción social.

Aprendiendo como hormigas

Redes sociales como Twitter se están transformando en una extensión de nuestro cerebro, ayudando a filtrar interactivamente la información y descriminar a qué ponemos atención. Por eso no es casual que Twitter ya tenga más tráfico que algunos diarios online, y que esos mismos diarios vean a Twitter como una de sus fuentes significativas de enlaces entrantes.

Por 157 años hemos recibido el mismo contenido a través del diario, pero ahora eso puede cambiar porque tenemos la tecnología de la comunicación interactiva. El diario tiene que hablar con nuestra red social, saber lo que leímos, lo que estamos leyendo y anticiparse a lo que vamos a querer leer, entregándonos el contenido de una manera diferente según el contexto.

La muerte del papel es la muerte de un tipo de dispositivo, el New York Times ya asumió eso y está investigando nuevas maneras de trabajar con contenidos. Nick cuenta de ello con impresionante optimismo, y en varios momentos de su relato hace relación a "cookies inteligentes", que permitirían al medio saber no solamente qué leímos si no también en qué contexto, para así adaptar la interacción de manera personalizada, trascendiendo si estamos en un teléfono, en un computador, viendo TV, escuchando un podcast o incluso -¿por qué no?- leyendo algún futuro tipo de papel electrónico.

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